Una tarde rica en… Le Pain Quotidien de Palmas
“Nos merecemos algo decente de comer”, le dije a mi amiga Alín ayer por la tarde. Así fue como nos fugamos del trabajo y llegamos a Le […]

“Nos merecemos algo decente de comer”, le dije a mi amiga Alín ayer por la tarde. Así fue como nos fugamos del trabajo y llegamos a Le Pain Quotidien, aunque no comimos con mucha decencia que digamos…
Quien nos recibió fue Víctor, un mesero muy amable y totalmente dispuesto a recomendarnos lo mejor del menú. ¿No te choca cuando te dicen: “todo está bueno señorita”? Eso te impide descubrir bebidas interesantes como la limonada con menta que se bebió Alín, y que viene endulzada con miel.
Traíamos mucho entusiasmo, así que le pedimos a Víctor que nos sugiriera algo para botanear. El Plato Mediterráneo fue su consejo ¡y vaya que nos gustó! Es una tabla que trae tres bowlcitos con ricos dips exóticos: hummus, babaganoush y taboulé. Viene acompañada de distintos panes orgánicos que se hornean ahí mismo y que son una delicia por sí solos.
Para cuando terminamos de devorar tan abundante botana, ni Alín ni yo teníamos más hambre. Sin embargo, habíamos tomado la decisión de vivir una comida no quotidien, así que cada una pidió su respectivo plato principal.
Ella eligió un Salmón a la Plancha con couscous, mango y nuez de la India y yo ordené un Tartín (sandwich abierto) de Pollo al Curry con chutney de arándanos. Debo confesar que mi tartín no estuvo nada mal, pero desde que llegó a la mesa el salmón de mi acompañante, me la pase envidiándolo durante toda la comida.
Después llegó la hora del postre. Era imposible no cerrar con algo dulce, pero la culpa por el atascón que nos estábamos dando hizo que Alín entrara en razón y sugiriera: “¿compartimos uno entre las dos?”. De nuevo, Víctor nos recomendó una de las especialidades de la casa, su dulce, cremosa e irresistible
Para rematar una gran comida, no podía faltar el reglamentario café. En eso soy poco arriesgada y ordené un clásico Americano, mientras que Alín quiso verse más sofisticada y pidió un expreso cortado.
Para cuando terminamos de comer, nos dimos cuenta de que habíamos tardado más de dos horas y nuestros empleos estaban en riesgo. Nos despedimos de Víctor después de dejarle su propina y nos fuimos caminando cuesta arriba (con esfuerzo para respirar) rumbo a nuestras oficinas sobre Paseo de las Palmas.
Sin duda nos pasamos una tarde rica en Le Pain Quotidien, ¡deberías ir también!
