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Hambre emocional: ¿Comes para premiarte o castigarte?

Por: Mujer de 10 28 Ene 2020

Tuviste un día emocionante, así que llegando a tu casa te premias con una rebanada de pastel y helado. ¡Delicioso! Tanto, que ahora te sientes culpable por […]


Hambre emocional: ¿Comes para premiarte o castigarte?

Tuviste un día emocionante, así que llegando a tu casa te premias con una rebanada de pastel y helado. ¡Delicioso! Tanto, que ahora te sientes culpable por la bomba de calorías, así que te reconfortas con una bolsa de palomitas… Eso se llama hambre emocional, cuando comes para premiarte o castigarte. ¿Te suena familiar?

En este círculo vicioso caemos muchas mujeres: es una forma de ver a los alimentos como una recompensa o una sanción a nuestras acciones. Un proceso cuya raíz se encuentra en nuestros años mozos y que genera el hambre emocional.

Tu primera relación con la comida

Si eras de las niñas a las que les daban como “premio” por su buena conducta pasteles, dulces, helados, pizzas… entonces es probable que haya sido en ese punto cuando empezaste a experimentar confort con la comida. O a lo mejor era al contrario, y si tu conducta ameritaba un “castigo”, todas las golosinas quedaban prohibidas o se sustituían por otro tipo de alimentos, tal vez mucho más ricos en nutrientes pero menos “sabrosos”. Todo esto quedó registrado en tu subconsciente y empezó a formar parte de tu memoria emocional. ¿Captas?

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Aprendiste, sin darte cuenta de ello, a relacionar el afecto de los demás o el tuyo propio con el consumo de determinados alimentos; y también a sancionarte por haber cometido algún error o por un sentimiento de culpa.

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Fuera culpas

Tus padres no son los culpables de tu sobrepeso. Por eso debes tomar la responsabilidad de tu salud en tus manos y trabajar mucho en fortalecer tu autoestima, pues de ésta depende el éxito en todas las acciones que emprendas para mejorar tu calidad de vida.

Sé consciente del qué, cuándo y el para qué comes, desechando de tu mente todos los pensamientos con relación a la comida que juzgues equivocados. Piensa que la comida no es ni un premio ni un castigo, sino el medio a través del cual logres una óptima salud tanto física como mental.

LOS DETONANTES DEL HAMBRE EMOCIONAL

Comes por castigo cuando sientes…

Culpa: surge cuando comiste de más, rompiste la dieta, no fuiste a tu sesión de ejercicio o fallaste de alguna forma, así que te castigas ingiriendo más comida, sabiendo que eso te hará sentir muy mal.

Derrota: parecida a la anterior, pero es peor, porque generalmente resulta en el abandono total de las metas y los planes.

Fracaso: un error en el trabajo, algún problema o cualquier falla puede detonar que comas para sentirte mejor, así que procura no relacionar una cosa con otra.

Depresión: ciertos alimentos tienen la facultad de elevar las endorfinas que nos hacen sentir mejor. Comer un chocolate o comida que nos resulta placentera nos alegra momentáneamente, pero este sentimiento se transforma en culpa y derrota en cuanto terminamos el último bocado. Es el detonante más peligroso del círculo vicioso, así que debemos intentar revertirlo mediante otras técnicas y no con comida.

Comes por premio cuando sientes…

Éxito: tuviste un excelente día, cumpliste un mes de dieta, reconocieron tu talento… y decides celebrar con comida. Es válido si lo haces con amigos, dándole más importancia al acto de compartir que a la comida en sí. No es válido si te vas a dedicar a comer sola, pensando que ese plato de espagueti con crema es un premio. En pocas palabras, analiza cuál es tu relación con la comida y dale su justo valor.

Antojo: es cierto que todos los padecemos, y de vez en cuando puedes romper la dieta y satisfacer ese capricho. De hecho, es aconsejable hacerlo ocasionalmente, como motivador. Pero el chiste es que realmente identifiques que lo necesitas, para que no se convierta en un falso aliciente.

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Termina con el hambre emocional: ¡cáchate antes de comer!

Aprende a observarte cuando vayas a caer en las conductas de premio y castigo. Si estás a punto de hacerlo, pon en práctica lo siguiente:

  1. Toma el alimento que vas a consumir con ambas manos, obsérvalo, huélelo, siéntelo… Piensa, ¿realmente se te antoja? ¿Por qué sí o por qué no?
  2. Si la respuesta es afirmativa, aguanta un poco más antes de comerlo y recuerda hace cuánto hiciste tu última comida. Si fue hace rato, te invitamos a que elijas una mejor opción de alimento. Pero si fue hace apenas un par de horas, significa que probablemente no tengas hambre, así que la razón es otra. Escanéate: ¿cómo te sientes? ¿Estás contenta, deprimida, enojada, aburrida?
  3. Dependiendo de tu estado de ánimo, piensa en otras alternativas que te gustaría hacer en vez de comer. Puedes ir a dar una vuelta, hablarle a una amiga, darte un baño, arreglar el cuarto… Lo que sea, menos sentarte a ver tele, porque los comerciales te van a antojar más la comida.
  4. Si nada de esto funciona y estás decidida a comértelo, piensa en el sentimiento de culpa que vendrá después. ¿Podrás tolerarte sin castigarte después ingiriendo más comida? ¿Te lo prometes?
  5. A estas alturas, probablemente ya habrán pasado unos 10 minutos, y tu antojo ya debió haber disminuido, así como los sentimientos de culpa que te orillaron a comer en un primer instante. Si aun con todo esto quieres comer, vas, pero no te sientas mal después.

Controlar el hambre emocional requiere tiempo y esfuerzo, sobre todo, debes identificar si comes para premiarte o castigarte en el momento justo, y ponerle un alto a la acción. Trabaja este aspecto poco a poco y verás que irás mejorando. ¡Dinos cómo te va!

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