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10 señales de que tu trabajo está afectando tu salud mental

Por: Karen Zanella 08 Feb 2021

No estás obligada a quedarte en un lugar donde no eres apreciada


10 señales de que tu trabajo está afectando tu salud mental

Piensas que quizás mañana dejarán de acosarte en el trabajo, tal vez tu jefe dejará de hacerte menos o de obligarte a laborar incontables horas extras sin al menos reconocer tu esfuerzo. En una de esas, mañana tu pareja evitará insultarte, te amará como te mereces y parará de poner pretextos cuando le llegan mensajes de otras mujeres o cuando, por enésima vez, falló a los planes que tenían hechos desde hace semanas.

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En ocasiones, cualquiera de estas cosas pueden suceder en nuestro día a día sin siquiera darnos cuenta, pero no significa que no nos hagan daño. Te contaré las razones por las cuales modifiqué mi estilo de vida hace unos años, uno que no merecía. Y si te identificas, antes de espantarte, déjame decirte esto: tiene solución. Por JIMENA SÁNCHEZ FERNÁNDEZ  @piquanthaven

10 señales de que tu trabajo está afectando tu salud

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1. Levantarme en las mañanas es un martirio

No era por haberme acostado tarde viendo series o por flojera, era porque sabía me esperaban 15 horas de estrés intenso y continuo.

2. Desarrollé una inseguridad que nunca había tenido

“Sí tienes talento, pero no sabes hacer las cosas”, “Estás guapa, pero también loca. Sueñas demasiado y deberías ser más realista”. Esas entre tantas otras frases se me tatuaron en la cabeza por meses. Chismes al por mayor, críticas destructivas, acoso constante eran parte de mi día a día. Todos los buenos comentarios recibidos, lo positivo que creía sobre mí, el valor que me daba se había ido.

Mi aspecto físico cambió negativamente

Desde niña me ha gustado arreglarme, ser atrevida con mi estilo y consentirme. Sin embargo, cuando los problemas tanto profesionales como personales me afectaron profundamente dejé de ser yo. Simplemente me bañaba, me cepillaba el pelo, y me ponía lo primero que encontrara en mi clóset.

4. Constantemente buscaba excusas para minimizar actitudes nocivas

Disculpar a alguien porque “Todos tenemos problemas”, o “Ha estado bajo mucho estrés en el trabajo”, porque “Su familia lo presiona mucho” o la típica de “Es buen tipo. Estoy segura que yo lo puedo ayudar” es sumamente peligroso. Yo lo permití en un par de ocasiones, y nunca más. Ten en cuenta que los gritos, las infidelidades y los abusos del estilo que sea (verbal, físico, psicológico) no se arreglan siendo una “mujer comprensiva”. Tú no eres responsable de arreglar a nadie y menos cuando eso te está perjudicando emocionalmente.

5. Comencé a tener ataques de pánico y ansiedad

Recuerdo el primer día que lo experimenté por primera vez. Estaba en un cubículo del baño de la oficina mientras me esforzaba por respirar profundo, pero no lo lograba. Del mareo, la rigidez en el cuerpo y el pitido en los oídos tuve que sentarme en el piso hasta regresar a mis cinco sentidos. De ahí vinieron bastantes episodios similares. Un día tuve uno de los peores de mi vida; después de él decidí renunciar a mi trabajo y dejar las relaciones tóxicas.

6. Dormía de poco a nada aún estando cansada

Me acostaba para reposar y esperar el sonido de mi alarma. Claro, imagínate mis ojeras seis meses después.

7. Mi estabilidad emocional era tambaleante

¿Te ha pasado que te enojas o lloras sin razón aparente? En ese entonces perdí la habilidad para identificar mis emociones. Comúnmente me caía una ola abrumadora de sentimientos, imposible de controlarlos.

8. Perdí el interés por hacer las cosas

Me equivocaba constantemente y ya no era por distracción, era porque me percibía incapaz para realizar cualquier tarea. Estaba convencida de que no importara lo que hiciera, no iba a estar bien.

9. Creía que todo era culpa mía

Una tendencia en los adultos es la falta de empatía y de autoconciencia. Yo me acostumbré a  responsabilizarme de las reacciones de todos a mi alrededor; pero no me sentía suficiente para solucionarlo. La realidad es que cada quien es dueño de su propio carácter. Hay quienes se cree lo suficientemente poderoso para pisotear a alguien más, pero eso habla de quiénes son ellos como personas y no te define a ti.

10. Dejé de defenderme

Estaba tan agotada que me volví indiferente ante todo y ante todos. Lo que me daba felicidad antes, me daba igual. Anteponerme a los demás ya no era opción.

Cuando toqué fondo decidí alejarme de todo esto. Fueron meses complicados, pero con muchísimas enseñanzas. A dos años de eso ya me fui de mochilera por Europa, comencé mi propio proyecto y volví a ser la misma de antes, incluso mejor. Es cierto, aún me faltan muchísimas cosas por resolver, pero voy por buen camino. Siempre he tomado ese periodo de mi vida como una forma del universo para sacudirme y buscar cosas grandes, por eso lo agradezco tanto.

En algún punto olvidé todo esto, porque aunque aún tengo altibajos soy una mujer fuerte, sumamente capaz y estoy feliz. Sin embargo hay tanta gente pasando por algo similar o peor a la que me gustaría decirle de frente que no es fácil, pero se puede buscar algo mejor. Preferible estar sola que en una relación en la cual no sacas el 1,000,000 por ciento de ti. Que una oportunidad laboral siempre se agradece, pero si no te hace feliz no vale la pena. Si por ahora debes aguantar una situación de este tipo, hazlo con la frente en alto, pero protégete a toda costa y pelea por formar un futuro donde seas libre.

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