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PAREJA

Tacones cercanos: El amor real y las redes sociales

Tacones cercanos: El amor real y las redes sociales por Anaví Taché Esto de las redes sociales y de la vida a través de las plataformas […]


Escrito por: Ana Victoria Taché
Tacones cercanos: El amor real y las redes sociales

Tacones cercanos: El amor real y las redes sociales

por Anaví Taché

Esto de las redes sociales y de la vida a través de las plataformas digitales ha dejado de ser un mito, o una especie de realidad paralela, para convertirse en el mundo real aunque, curiosamente, intangible.

Y en estos nuevos modelos de comunicación (sí, chicas: hasta hace unos años la comunicación no era con la inmediatez ni de la forma que es ahora… a duras penas nos conformábamos con un paquetito de post-its para recordar cosas o intercambiarnos notas), Cupido no se salva de verse involucrado –para bien o para mal- en los líos que la era digital trae consigo.

Porque como todo: tiene su lado bueno y su lado malo, y requiere de esfuerzo, dedicación, madurez y cabeza fría…. Y yo confieso, honestamente, que a veces carezco de todas esas características, y ese mundo de imágenes atrapadas en un dispositivo, esos likes, esos comentarios, esos emojis… todo me hace sentir tremendamente confundida respecto del amor.

 El amor real… el amor que se sale de la pantalla.

El amor real es ése de las risas y las caricias, de la textura de los besos, del calor de los abrazos; el que despierta los sentidos, como cuando una se queda abrazada a la almohada que él acaba de dejar y aún sobreviven ciertas notas cítricas de su loción.

El amor real es sentir su mano tibia cuando toma la tuya en pleno paseo, o desmancharle la mejilla del labial que le dejaste marcado, o percibir cómo se eriza la piel cada vez que se reencuentran, o cuando se reconcilian y se abrazan después de una pelea.

Todas esas sensaciones son el amor verdadero y existen, independientemente de la vida en las redes sociales, y existen desde mucho antes que Mark Zuckerberg cambiara nuestra forma de ver el mundo y de comunicarnos con el exterior.

Pero la verdad, con la invasión de información que nos rodea, es fácil confundirnos y creer que lo auténtico, lo genuino y lo que de verdad importa, es todo lo que sucede detrás de la pantalla: son los likes, las fotos juntos, la comunicación que intercambian en las plataformas, los besos con emojis que se mandan, los tags…

Es fácil confundirse y de pronto preguntarse, ¿qué es lo que de verdad importan en un mundo que cada día se rige más por la era tecnológica?, ¿dónde termina la vida real y dónde empiezan las sensaciones que nos produce ver un like en Instagram o un comentario en fb?, ¿qué cuenta más?

En el caso de las relaciones, esta pregunta puede dispararse porque, con la vulnerabilidad que nos da el amor (de por sí, el flechazo de Cupido nos deja todas atarantadas), es fácil perderse en los caminos y creer que una cosa importa más que otra; y es ahí cuando estamos totalmente expuestos a que la balanza se incline de un lado a otro y perdamos en el rumbo y la esencia de nuestra relación por preocuparnos de otro tipo de cosas.

La respuesta dura a esta pregunta –“¿qué importa más, un like o un beso?”– seguramente la tendrán expertos en conducta a través de social media, y habrá montones de estudios explicando cómo las conexiones cerebrales, y los estímulos, y los colores y bla bla bla… y no dudo, pues, que tengan razón; pero a título personal, y luego de par de fregadazos que me he dado gracias al tema, llegué a una conclusión, y es que ambas cosas importan pero en distinta medida.

Digamos… 80-20, por poner una cifra. Me explico:

Nada sustituye la sensación de estar con el ser amado, y nada puede compararse a la intimidad que genera compartir tiempo, espacio y hasta saliva con otra persona; no obstante, en la medida justa y correcta, es sano tener una especie de interacción en las redes, si es que ambos así lo quieren y a ambos les importa.

No se trata, claro, de hacer de su relación un escaparate de exhibicionismo donde documenten cada segundo cómo es su vida y su intimidad (o bueno, si a los dos les gusta pues adelante… cada quien sus cubas), pero en un contexto un poco más conservador, no es que tengan que estar informando al mundo de cada paso que dan; sin embargo, una pequeña interacción de vez en cuando, también es buena y puede incluso hasta calmar los demonios (porque sí, el amor también es ego, pésele a quien le pese) al marcar, de una u otra forma, territorio, con la persona que amamos.

Me imagino que eso del amor en la era digital requiere de los mismos ingredientes que el amor en cualquier área o faceta: paciencia, comunicación, y un poco de cabeza fría si la relación lo amerita.

Escribo esto pensando en que hace poco mi amiga Ana tuvo un encontronazo con el hombre que acompaña sus días, gracias a la plataforma de Mark Zuckerberg… pelea que finalmente tuvo final feliz, pero a ella le dejó una gran lección: sí es padre, si se siente lindo saber que también ocupamos espacio en esa parte intangible  de la vida de quienes amamos; pero nada se compara con tener like en el corazón.

Felices pasos

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