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Dime qué antojo tienes y te diré cómo andas

Por: Mujer de 10 11 Mar 2015

Es común tener antojo de un sabor específico. “Se me antoja algo dulce” o “Tengo antojo de algo saladito” ¿Por qué será que de repente se nos […]


Dime qué antojo tienes y te diré cómo andas

Es común tener antojo de un sabor específico. “Se me antoja algo dulce” o “Tengo antojo de algo saladito” ¿Por qué será que de repente se nos antojan determinados sabores?

Uno no piensa “estoy ansiosa, necesito comer carbohidratos” o “estoy dispersa debería comer limón” o “mi presión está alta por eso quiero algo amargo” y mucho menos “mis riñones están débiles, debo comer algo picante”, simplemente se nos antoja un pastel o una limonada o una ensalada o una buena salsa. El sabor de los alimentos ya sea ácido, picante, dulce, amargo o salado varía de acuerdo a los elementos que lo constituyen y es la característica que la naturaleza les brindó para que podamos reconocerlos.

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Por ello es importante escuchar lo que nuestro cuerpo nos pide, porque nos habla de cómo estamos, pero es necesario que tomar en cuenta que lo que se nos antoja no siempre es lo más conveniente pero en definitiva nos proporciona información sobre nosotros mismos.

Nuestros antojos responden pues tanto a nuestro estado físico como emocional.

¿Qué implica cada sabor?

El sabor ácido ó agrio  actúa en el hígado donde contrarresta los efectos de las grasas, funcionando como un solvente rompiendo grasas y proteínas por lo que puede ayudar a adelgazar. En el intestino disuelve minerales mejorando su asimilación. Además libera o abre obstrucciones. Es el alimento propicio para la mente-corazón ya que juega un papel importante en la organización de pensamientos dispersos.   Debe ser usado con precaución por quienes padecen de estreñimiento, enfermedades de los tendones y nervios. En exceso  produce sensaciones de ardor, picores, mareo, envejecimiento prematuro, falta de firmeza corporal y supuración.

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Fuente: shutterstock

El sabor picante descongestiona los pulmones y dilata capilares. Mejora la digestión y expulsa gases de los intestinos.  Las hierbas picantes calientes son buenas para condiciones frías y contraidas de los riñones para calentarlos y relajarlos.   Estimula la circulación sanguínea y aumenta la frecuencia cardiaca.  Ayuda a desbloquear y movilizar al hígado. Quienes más se benefician del picante son las personas pesadas, lentas, letárgicas y es adverso para personas demasiado delgadas o que presentan resequedad. La emoción predominante del sabor picante es la alegría así como la tendencia a la excitación cuyo exceso lleva a la irritabilidad, la impaciencia y la ira, es por esto que se recomienda para su opuesto, el tipo letárgico pesado. En exceso provoca dolor, vértigo, pérdida de la conciencia, sequedad de boca, temblores, debilidad, sensaciones de ardor, fiebre, agotamiento de las secreciones sexuales.

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El sabor dulce fortalece al sistema páncreas-bazo y es apropiado para el hígado ya que suaviza emociones agresivas como enojo e impaciencia.  Los alimentos dulces también humedecen condiciones secas de los pulmones y detiene una mente-corazón sobre activa. Favorece principalmente a personas nerviosas, ansiosas o agresivas. Las personas pesadas, letárgicas, con sobrepeso y aquellas con  signos de humedad como abundante  mucosidad deben tomar alimentos dulces moderadamente. De acuerdo a la medicina tradicional china, demasiado alimento dulce daña al sistema páncreas-bazo, debilita los huesos, causa la pérdida del cabello así como obesidad y enfermedades de la piel. El dulce tiene que ver con la saciedad o la satisfacción por lo que puede causar adicción a la comida como medio de satisfacción emocional. En exceso puede causar obesidad, diabetes, hidropesía, parásitos, obstrucción circulatoria, inflamación ocular, indigestión, vómito, gases, letargo, congestión respiratoria.

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Fuente: shutterstock

El sabor amargo es quizá el sabor más curativo y a la vez el menos apreciado de todos. Limpia las arterias, favorece el funcionamiento del corazón, tiende a bajar la presión arterial y es adecuado para combatir hongos, parásitos, inflamaciones, erupciones de la piel y obesidad. Beneficia el funcionamiento intestinal y los pulmones. Beneficia a personas lentas, con sobre peso e impacientes. Las personas débiles, delgadas, secas y nerviosas deben limitar la ingesta de amargo.

La emoción predominante del amargo es la insatisfacción, lo que provoca un deseo de cambio, pero en exceso provoca amargura.

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El sabor salado es apropiado para los riñones y para páncreas-bazo.  La sal  fortalece una mente-corazón débil y mejora la concentración. Tiene un efecto refrescante, desintoxica y puede purgar. Quienes más se benefician con los alimentos saldados son las personas nerviosas y delgadas. Debe restringirse para personas con sobrepeso, letárgicas y con presión arterial alta. El salado es gusto por la vida que aumenta todos los apetitos.  El exceso de gusto lleva al hedonismo, el ansia de complacencia en todos los placeres sensoriales que el cuerpo pueda obtener físicamente. El salado hace que el cuerpo retenga agua y aumenta la producción de jugos gástricos y fluidos sexuales, por eso está contraindicado en aquellos que quieran permanecer célibes.

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¿Y tu cómo andas en la salud, después de saber lo de tus antojos?

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