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Estimulación temprana ¡sin exagerar!

Por: Valeria Ávila 19 Mar 2016

La estimulación temprana puede favorecer la formación de un niño seguro, sociable y con mayor capacidad de aprendizaje pero no te excedas.Al momento del nacimiento el cerebro […]


Estimulación temprana ¡sin exagerar!

La estimulación temprana puede favorecer la formación de un niño seguro, sociable y con mayor capacidad de aprendizaje pero no te excedas.

Al momento del nacimiento el cerebro del bebé es como un libro con las hojas en blanco. De cómo se realicen  las conexiones neuronales durante los dos primeros años de vida dependerá cómo se escribiría ese libro.

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La estimulación temprana en este contexto, motiva al pequeño de forma constante y de múltiples maneras para que se lleven a cabo las conexiones neuronales, las cuales permanecerán a lo largo de toda su existencia y le garantizarán una vida plena.

Según el Libro sobre la estimulación temprana de Lilian Stein, es durante los años iniciales de la vida del ser humano cuando el cerebro es más receptivo a nuevas experiencias y está capacitado para aprovecharlas.  Al paso del tiempo cada vez será menos posible perfeccionar estas conexiones entre neuronas y los circuitos ya creados.

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¿Estimulación o sobreestimulación?

La diferencia es que la estimulación es aquello que la madre a través de sus cuidados, contactos, miradas, palabras y juegos despierta en el recién nacido, quien es en ese momento prácticamente un puro cuerpo de reflejos. Con los primeros  cuidados de la mamá y el papá van estimulando en el bebé la capacidad de ir construyéndose como un pequeño ser humano, perteneciente a cierta cultura y a un particular grupo familiar, esto no es innato, se va construyendo gracias a los primeros vínculos.

La sobreestimulación se da con darle actividades extra de estímulo sensorial, juegos de resolución de problemas y relatos de cuentos para exigirle más con la finalidad de afinar sus actividades mentales.

Se debe estimular pero no forzar a que el niño desarrolle con antelación habilidades antes de tiempo, las consecuencias de la sobreestimulación son evidentes:

1 Al generar una exigencia que el niño no puede cumplir, en lugar de volverlo más inteligente, le generarás inseguridades y dependencia.

2 Si no respetas sus particularidades, no lograrás que se desarrolle como un ser independiente, y en su lugar será una extensión del deseo de sus padres.

3 Si no conoces los estímulos adecuados para cada etapa de su desarrollo puede caer tanto en una deficiencia como en un exceso, ambos contraproducentes.

4 Puedes favorecer desórdenes como hiperactividad o dispersión que deriven en trastornos de conducta importantes.

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