
La nueva versión de Cumbres Borrascosas revive el romance oscuro entre Heathcliff y Catherine con escenas intensas, planos panorámicos y una carga psicológica que cuestiona si su historia es amor verdadero o una relación marcada por la obsesión y el trauma.
Hay historias de amor que nos enseñan a elegir mejor. Y hay otras como Cumbres Borrascosas que nos obligan a aceptar que no todo lo que se siente intenso es amor sano. Pero ¿vale la pena?
La nueva adaptación (Margot Robbie como Catherine Earnshaw y Jacob Elordi como Heathcliff) ha generado conversación no sólo por su estética poderosa y sus escenas intensas, sino por algo más incómodo: ¿de verdad seguimos llamando “romántico” a lo que claramente es una relación destructiva?
Y aquí vale la pena mencionar un punto importante: esta versión cinematográfica adapta únicamente la primera parte de la novela original de Emily Brontë, es decir, aproximadamente la primera mitad del libro, centrada en la relación entre Catherine y Heathcliff. La segunda generación de Hareton y la joven Cathy, queda fuera.
Porque si sólo vemos la primera parte… lo que tenemos no es redención. Es tormenta pura.
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Desde una lectura psicológica, Heathcliff y Catherine no construyen un vínculo sano; lo construyen desde la herida del abandono y eso es de las primeras realidades que empiezan a doler en esta adaptación.
Cumbres Borrascosas nos comienza hablando sobre Heathcliff, un niño huérfano que crece en un entorno hostil, marcado por el rechazo y la humillación. Catherine, por su parte, está atrapada entre su deseo de libertad y su necesidad de pertenecer socialmente.
Pero lo que realmente los une no es estabilidad emocional, sino una intensidad profunda de sentirse vistos y amados al mismo tiempo.
En términos actuales esta obra nos podría hablar de cómo se vive el apego ansioso evitativo, por parte de Catherine, el trauma relacional por parte de Heathcliff, la identidad dependiente de ambos, así como su amor obsesivo.
Cuando Catherine afirma que ella y Heathcliff son “la misma alma”, no habla desde el romanticismo, habla desde la falta de límites de ambas partes, y eso en pantalla grande, se sintió verdaderamente intenso.
Algo de lo que me gustaría hablar es sobre las escenas donde Jacob Elordi besa apasionadamente a la protagonista, estás sin duda alguna fueron diseñadas para provocar. Son físicas, casi violentas en su energía, porque no se sienten como besos delicados; se sienten como besos urgentes.
Me encanta, porque cinematográficamente funcionan, psicológicamente incomodan tanto que invitan al morbo, el cual te lleva a emociones que sólo experimentamos en la intimidad.
El contacto corporal no comunica ternura sino apropiación. Hay intensidad, pero no hay contención emocional realmente.
La pregunta es incómoda:
¿Estamos viendo deseo o estamos viendo necesidad de control?
Esa ambigüedad es precisamente lo que mantiene viva la conversación alrededor de la película.
Uno de los grandes aciertos de esta adaptación es el uso de planos abiertos y panorámicos en los páramos. Las escenas donde Heathcliff cabalga a toda velocidad no son sólo estéticas, son realmente metáforas visuales.
El viento constante, nos habla de desesperación, la niebla espesa, de incertidumbre y los horizontes infinitos, de anhelo. Aquí nos podemos dar cuenta que el paisaje no acompaña la historia, la amplifica, si es que ponemos atención al detalle.
Los planos generales subrayan la soledad del personaje. Los close-ups, en contraste, capturan la tensión contenida en el rostro de Elordi, especialmente en escenas de silencio donde la rabia se acumula antes de estallar.
Otro punto interesante es el álbum creado específicamente para la película. La banda sonora no es decorativa, es atmosférica, casi envolvente. Funciona como una capa psicológica que refuerza la melancolía y el dramatismo.
Los arreglos orquestales y las piezas minimalistas de la creadora: Charli XCX, en su album “Wuthering Heights” acompañan los silencios largos, esos momentos donde los personajes no dicen nada pero lo dicen todo.
En términos narrativos, la música actúa como regulador emocional, porque nos guía hacia la empatía… incluso cuando los personajes no necesariamente la merecen.
Claro, todo depende de lo que busques. Honestamente para mí es un sí rotundo, porque nos da una vista del amor antiguo, donde no existía el término inteligencia emocional y cómo los personajes de la época, aprendieron a sobrevivir con lo que tenían en las manos.
Si esperas una historia romántica tradicional, probablemente salgas incómoda.
Pero, si te interesa analizar dinámicas tóxicas desde una perspectiva actual, la película es un material valioso.
Un punto a favor es que al no contar la segunda mitad del libro deja la historia en su fase más oscura. Y eso intensifica la sensación de fatalidad.
La química entre los protagonistas es innegable. Las escenas apasionadas son magnéticas y ni hablar de la estética porque es impecable.
Pero la pregunta sigue ahí:
¿Seguimos confundiendo intensidad con profundidad?
Cumbres borrascosas en esta versión cinematográfica no nos ofrece una historia de amor aspiracional, lo que realmente nos ofrece es una advertencia a no cometer los mismos patrones, es más una ventana al pasado, no al futuro. Y eso hay que tener claro.
Quizá por eso sigue siendo tan relevante, porque nos confronta con esa parte de nosotras que todavía cree que el amor que duele es más real. Pero la mujer que se respeta, sabe que no es así.
La película vale la pena si estás dispuesta a verla sin filtro romántico.
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Si la ves como lo que es: una historia sobre cómo el trauma, cuando no se sana, puede disfrazarse de pasión.
Cuéntame, ¿te animarías a verla? A mi me encanto, espero que haya segunda parte.