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Motiva a tus hijos con la técnica ACC

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Motivar tiene que ver con inspirar a nuestros hijos, no obligarlos a hacer las cosas. existen varias técnicas que nos ayudan a impulsarlos, una de ellas es la técnica de ACC que nos ayuda a motivarlos a entender y manejar sus emociones. Aprende como utilizarla. Los niños motivados aprenden a ser resilientes, es decir a tomar […]


Motivar tiene que ver con inspirar a nuestros hijos, no obligarlos a hacer las cosas. existen varias técnicas que nos ayudan a impulsarlos, una de ellas es la técnica de ACC que nos ayuda a motivarlos a entender y manejar sus emociones. Aprende como utilizarla.

Los niños motivados aprenden a ser resilientes, es decir a tomar decisiones asertivas que les permiten enfrentar la adversidad y crecer a través de ella. Por el contrario, los niños desanimados pueden ser pesimistas y deprimirse.

Martin Seligman afirma que la adversidad no genera nuestras conductas, sino los pensamientos que tenemos en torno a ella. «Una persona catastrófica o pesimista tiende a generalizar todo lo que le pasa y ve pocas o nulas soluciones. El optimista comprende que hay cosas transitorias y que pueden ser modificadas». Los niños que aprenden a manejar sus emociones con optimismo, son más resilientes y por ende más exitosos, porque no le tienen miedo a la adversidad, por el contrario, la consideran un reto.

Por muy insólito que parezca, los doctores Albert Ellis y Aarón Beck -creadores de la terapia conductual cognitiva- demostraron que las adversidades no condicionan nuestras emociones sino la actitud que tenemos frente a ella. A partir de sus estudios desarrollaron el método ACC en el cual A significa adversidad, la primera C creencias y la segunda C consecuencias.

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¿Cómo funciona?

Las creencias están basadas en las ideas que tenemos, pueden ser permanentes cuando (generalizamos) o transitorias (si se refieren a una situación particular). También pueden ser externas (si dependen de los otros) o internas (si dependen de mí).

Las creencias permanentes nos impiden pensar que hay un cambio posible, las transitorias, por el contrario, nos dan la oportunidad de abrir otras opciones. Una creencia externa, normalmente no depende de nosotros, la interna si y puede recibirse con culpa.

Ejemplo:

“Nicolás me rompió mi carrito. Todos los niños siempre me rompen mis cosas porque soy muy tonto para defenderlas. Me siento muy enojado”

Todos los niños nos hablan de una situación externa pero, “soy muy tonto” implica “que no puedo cambiarlo”. Y “siempre”, una creencia permanente que implica que no hay probabilidad de que las cosas sean distintas. El enojo es resultado de la “impotencia” del niño por ser “tonto” y no saber defender sus cosas.

Frente a este tipo de creencias, es importante darle al niño opciones diferentes de pensamientos:

Ejemplo: “Adrián te rompió tu carrito porque se tropezó con él”.

Eso quiere decir que no va a pasar “siempre” y que no dependió de Nicolás.

Las creencias internas tienen dos variantes culpar al otro o culparse a si mismo. En ninguno de los casos es positivo, lo que se busca es hacerse responsable. La culpa genera una necesidad de “penitencia” la responsabilidad de actuar en consecuencia.

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Estrategia:

Realiza un diario de las principales actitudes de tu hijo. Deberás dividirlo en tres columnas, bajo la primera se anotará la adversidad, en la segunda la creencia (pensamientos que tuvo al respecto) y en la tercera la consecuencia ( emociones que vivió).

Puedes dedicar unos minutos por la noche y revisar cuáles son sus creencias. En caso de que sus creencias sean negativas o catastróficas, puedes ayudarle a encontrar otras más objetivas y justas. No es lo mismo estar enojado por reprobar un examen y reconocer que la causa fue no haber estudiado lo suficiente, a pensar que siempre reprueba porque es tonto o burro. No se le quita la responsabilidad, por el contrario se le abre la opción de saber que si estudia la próxima vez puede obtener un mejor resultado. Lejos de lo que se pudiera creer tampoco se busca anular la emoción o buscarle una menos intensa.

Es importante que el niño aprenda a tolerar la frustración, el enojo,la tristeza, etc, la idea es buscar que sea proporcional a la situación que vive.

La técnica de ACC es una herramienta preventiva contra la depresión. Un estudió realizado en 1990 en Pennsylvania a 200 niños demostró que después de aprenderla, el porcentaje de población en riesgo de deprimirse descendió de un 24 a un 13%.

Si deseas aprender la técnica ACC te recomendamos el libro Niño optimista de Martín Seligman (P.131-146), Edit. De bolsillo, donde encontrarás varias estrategias también para enseñarla a tus hijos. De igual forma puedes consultar: http://www.cat-barcelona.com/pdf/filosofia/AEllis2.pdf y http://www.psiquiatria.com/imgdb/archivo_doc27.pdf

Colaboradora: Clara Sánchez es psicoanalista y periodista especializada en temas de bienestar emocional.

Te invitamos a leer el resto del artículo “No los obligues…Motívalos”   en la edición de octubre de la revista Fernanda
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